El asesinato de John Fitzgerald Kennedy en Dallas fue uno de los episodios más trágicos de la historia de los Estados Unidos: el presidente demócrata recibió una serie de disparos mientras circulaba en el auto oficial por la plaza Dealey el 22 de noviembre de 1963. Sin embargo, aquel crimen, que cuenta con varias aristas aún sin resolver, también lo tiene como protagonista a un tercer hombre involucrado.

El magnicidio todavía es carne de especulaciones, pero hay una certeza: el agresor fue Lee Harvey Oswald, un ex infante de la Marina que estaba situado en el sexto piso del Texas School Book Depository cuando apretó el gatillo de su rifle. Apenas dos días después, mientras el atacante estaba siendo trasladado a la cárcel del condado, recibió un tiro en el abdomen y murió en el hospital.

Casi al instante, se supo que el hombre que acabó con la vida de Oswald fue Jack Ruby, un empresario nocturno conocido por sus relaciones con la mafia norteamericana. Su tiro acalló la verdad y la justicia: el asesino del mandatario no llegó a ser indagado ni había brindado datos contundentes acerca del atentado que tenía en vilo al mundo.

Lo curioso es que el gángster no tuvo inconvenientes en burlar la custodia de las fuerzas de seguridad y hasta se hizo pasar por un periodista para participar de la rueda de prensa que lo tuvo en el foco al fiscal Henry Wade. Frente a todas las cámaras y en una escena repleta de oficiales a su alrededor, mató al magnicida sin tapujos.

Si bien en un inicio los investigadores no pudieron trazar vínculos entre un caso y el otro, la reciente desclasificación de archivos permitió abrir nuevas hipótesis: un informador del FBI llamado Bob Vanderslice aseguró que tuvo la oportunidad de hablar con Ruby la misma mañana del crimen de Kennedy y que mantuvieron una extraña conversación.

El dueño de diversas discotecas le había preguntado si quería presenciar junto a él “los fuegos artificiales” durante el desfile presidencial, pero no estaba previsto ningún espectáculo de ese estilo. Finalmente, Vanderslice accedió a la invitación: el lugar escogido para disfrutar del evento también generó dudas de todo tipo.

Vanderslice, en una charla con el jefe de grupo Arlen Fuhlendorf, afirmó que ambos se sentaron en la esquina del edificio postal Annex, enfrente del depósito de libros escolares de la ciudad: allí, Oswald se preparaba para un ataque que había sido completamente premeditado. Por ello, se puso encima de la mesa la posibilidad de que Ruby haya sido parte del complot contra Kennedy.

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