Una médica que fue interventora del Instituto Nacional del Cáncer (Incan) en agosto de 2024 relató que el temporal del viernes al sábado levantó el techo de la sala de urgencias y rompió unos tres paños de blindex en admisión, la zona más afectada. Los pacientes fueron trasladados a la planta baja, a un área de internación que estaba lista para habilitarse y que permitió contener la emergencia sin suspender la atención.
Según su relato, al llegar a las 5:30 calculó que la reparación podía demorar quince días. Llamó al ministro de Salud, Tadeo Rojas, al ministro de Defensa, al presidente de la ANDE y a la Academia Militar. Bomberos, militares y otras instituciones cortaron árboles y, para el mediodía, el predio ya estaba despejado. Agradeció esa respuesta y dijo que el albergue no sufrió daños: había unas 60 personas entre el viernes y el sábado, dentro de un rango habitual de 60 a 80.
La entrevistada recordó que, al asumir la intervención, la infraestructura, el personal y los fármacos eran los tres déficits centrales. Hoy, afirmó, el centro tiene 136 camas habilitadas. El episodio, dijo, mostró la ventaja de contar con un sector nuevo donde reubicar a quienes estaban en urgencias.
Aprovechó Octubre Rosa para pedir que las mujeres se hagan la mamografía. Señaló que hay equipos en distintas zonas, que a partir de los 40 años el estudio no exige receta y que corresponden dos días libres. Advirtió que el miedo y la falta de tiempo alejan a las pacientes, pese a que una detección temprana cambia el tratamiento.
Calculó unas 6.800 mujeres en tratamiento y cerca de 3.000 casos nuevos por año, cifras que presentó como preliminares. Antes, dijo, el 80 % llegaba en estadios muy avanzados; hoy ese porcentaje se reparte entre estadios 1, 2 y 3. Contó que ella misma se palpó un nódulo de 7 milímetros y que, de haber sido maligno, habría bastado una cirugía.





