Durante el novenario de Caacupé, el presbítero Cesar Nery Villagra, recordó que Dios es el único dueño de la vida y el que decide sobre la muerte. “Gracias  a Dios pese a los intentos, nuestro país sigue optando por la vida desde su concepción y hasta la muerte natural”, afirmó.

El tema de la fecha es «Orar y defender la vida y la familia” y fue desarrollado por el presbítero Cesar Nery Villagra, delegado del administrador apostólico de las Fuerzas Armadas de la Nación y la Policía Nacional, durante el noveno día de novenario en honor a la Virgen de los Milagros de Caacupé.

En la oportunidad, mencionó que hoy tenemos nuevas y modernas idolatrías, por lo que pidió a los feligreses a estar atentos, atendiendo a que el hombre pretende establecer las bases y los criterios tanto del bien como del mal, mediante una moral auto-referenciada.

“Se presenta como nuevas idolatrías el diseño de una visión humana, de una antropología desconectada de lo trascendente, poniendo en movimiento la dictadura del relativismo”, lamentó.

Al respecto, dijo que el ser humano quiere decidir quien vive y quien muere, se cae en la idolatría cuando el hombre asume el rol de Dios y opta por el aborto, la eutanasia o pretende establecer legislaciones que contemplan penas de muerte.

Recordó igualmente que Dios es el único dueño de la vida y el que decide sobre nuestra muerte. “Gracias  a Dios pese a los intentos, nuestro país sigue optando por la vida desde su concepción y hasta la muerte natural”, alegó.

En lo que se refiere a la familia y a la sociedad conyugal, señaló que es idolátrico desde el punto de la fe pretender instalar la ideología del género, “nosotros no podemos actuar como Dios, ya que somos seres humanos”, refirió.

En otro momento de su homilía, el religioso recordó que para la sagrada escritura, el hombre está llamado para vivir unidos en el contexto de un compromiso permanente, es decir el matrimonio que se traduce en una vocación humana y cristiana con el fin de comunicar la vida y así fundar una familia según el proyecto de Dios.

“Y si por un lado los hijos deben obedecer a los padres para vivir dichosos, los padres deben educar a los hijos y no maltratarlos. El esposo es el custodio de la familia, el papá tiene la misión de santificar a su familia, preservarla del mal y del peligro, a su vez la esposa debe amar a su esposa y seguirle como la iglesia sigue a Cristo”, reflexionó.

Reconoció que el ideal del matrimonio y la familia no está excepta de realidades a las que calificó de “amargas”, como la violencia, el maltrato, el abandono, hechos que conspiran contra la comunión de vida y de amor.

Pidió apostar por la ternura del abrazo entre esposos, padre e hijo, recuperar el diálogo respetuoso, orar juntos y descubrir de nuevo la grandeza de estar juntos, así como de compartir momentos de intimidad y afecto.

Expresó finalmente su preocupación por el problema de la migración del padre o la madre por cuestiones laborales, la plaga de la droga, el alcoholismo y todos los demás vicios que se convierten en un peligro para las familias vulnerables.

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