Paraguay podría alcanzar 45 millones de toneladas de granos para el 2040

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Paraguay podría alcanzar una producción de entre 40 y 45 millones de toneladas de granos para el 2040, impulsado por la expansión agrícola, la mejora de los rendimientos y una mayor integración de productores a las cadenas de valor. Según Hugo Pastore, director ejecutivo de Capeco, para esto es necesario seguir invirtiendo en caminos, conectividad y logística para movilizar mayores volúmenes de producción.

En entrevista con Ñandutí Negocios, Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), explicó que Paraguay podría alcanzar una producción de hasta 45 millones de toneladas de granos para el 2040, y destacó que el país todavía cuenta con tierras y oportunidades tecnológicas para ampliar su capacidad productiva.

El escenario previsto por el sector contempla alcanzar las 5 millones de hectáreas de soja, con una producción estimada de 20 millones de toneladas, unas 2,5 millones de has de maíz, que aportarían otros 20 millones de toneladas. A esto se sumaría la recuperación del trigo, con unas 800.000 has y una producción de 2,5 millones de toneladas, además de los volúmenes provenientes del arroz, la chía, el sésamo y otros cultivos.

Para Pastore, esto responde a un proceso gradual de crecimiento por el que atraviesa el sector que combina la incorporación de nuevas tierras con el aprovechamiento del potencial productivo de las superficies que ya se encuentran en explotación. Sostuvo además que todavía existe margen para elevar los rendimientos, considerando la diferencia entre los promedios nacionales y los resultados que productores ya consiguen mediante la aplicación de tecnología.

“Tenemos una brecha tecnológica. Hoy ya se escucha de rendimientos en soja que llegan a cerca de 5.000 kilos por hectárea o que superan las 10, 11 o 12 toneladas en el maíz. El desafío está en extender las mejoras a toda la producción nacional, de modo que los rendimientos promedios se acerquen progresivamente a los niveles que hoy alcanzan las unidades productivas más eficientes”, explicó.

Según indicó, este proceso también requiere de avances en biotecnología y en el desarrollo de variedades adaptadas a condiciones climáticas específicas, como las altas temperaturas de los departamentos del norte del país y los periodos de menor disponibilidad de lluvias.

Potencial de nuevas zonas agrícolas

De acuerdo con Pastore, la expansión de la agricultura también se refleja en su avance hacia territorios que históricamente tuvieron una mayor orientación ganadera. Si bien, señaló, el desarrollo agrícola se concentró inicialmente en departamentos como Itapúa, Alto Paraná y Canindeyú, posteriormente se extendió hacia otras zonas como Caaguazú, San Pedro, Caazapá y Guairá, entre otros.

Actualmente, dijo, existen oportunidades en Misiones, Paraguarí, Cordillera y Concepción, donde algunas superficies comienzan a incorporarse a la producción de granos. Sin embargo, señaló que el avance depende de la rentabilidad de las inversiones, ya que muchas de estas tierras requieren trabajos previos para mejorar sus condiciones productivas.

“Por un lado, el precio de la tierra es más bajo estas zonas, pero requieren más inversión par hacer correcciones en su fertilidad, en sus condiciones, en hacer aumentar el contenido de materia orgánica y, en algunos casos, realizar trabajos importantes de canalización y drenaje cuando los campos son más bajos”, detalló.

Por otro lado, señaló que a estas inversiones se suman las necesidades tecnológicas particulares de cada región. En departamentos como San Pedro y Concepción, las elevadas temperaturas estivales requieren el desarrollo de variedades capaces de adaptarse mejor a esas condiciones.

El ejecutivo tomó como referencia el caso de Mato Grosso, en Brasil, que pasó de ser una región con importantes limitaciones para la agricultura a convertirse en uno de los principales polos productores de granos de ese país. A su criterio, esa experiencia demuestra cómo la inversión y la innovación pueden transformar el potencial productivo de un territorio.

Otro componente de la expansión según su experiencia, es la incorporación de pequeños productores a las cadenas agrícolas y agroindustriales. Pastore destacó que más del 20% de la producción de soja del país proviene de fincas de pequeños productores, una participación que refleja el alcance de la integración productiva.

“Entre el 2002 y el 2022 se redujo a más de la mitad la pobreza en el país precisamente por la integración de estos campesinos a las cadenas productivas”, afirmó.

A su criterio, el proceso puede seguir ampliándose mediante la incorporación de familias rurales que todavía no participan directamente en la producción. “La articulación con rubros como la soja, el maíz y el trigo, así como con las cadenas de producción de aves, cerdos y leche, representa una oportunidad para fortalecer la actividad económica en las comunidades rurales”, sostuvo.

Desafíos de logística e infraestructura

De acuerdo con Hugo Pastore, alcanzar una producción de hasta 45 millones de toneladas de grano para el 2040 también exige acompañar el crecimiento agrícola con inversiones en infraestructura y servicios logísticos. En ese sentido, consideró que Paraguay logró ampliar su capacidad de movilización de granos a medida que aumentó la producción, principalmente a través de inversiones privadas en puertos y transporte fluvial.

“El país cuenta con una de las mayores flotas de barcazas del mundo y dispone de terminales portuarias privadas que facilitan el embarque de los productos destinados a los mercados internacionales. En ese contexto, la infraestructura fluvial ofrece condiciones para afrontar una primera etapa de crecimiento, siempre que se mantengan las tareas de dragado de los ríos Paraguay y Paraná para garantizar una navegación eficiente”, aseguró.

No obstante, identificó mayores desafíos en la red de caminos terrestres, especialmente en los accesos. “Tenemos muchos caminos que no son de todo tiempo y en épocas de lluvia, como la que estamos teniendo este año, se resiente la movilidad de la producción desde las chacras hasta los centros de acopio y los puertos de la industria”, advirtió.

En esa misma línea, Pastore recalcó que la conectividad con Brasil, un mercado importante para las exportaciones paraguayas de maíz, trigo y arroz, además de constituir uno de los principales destinos de la soja nacional, es fundamental y requiere de plena operatividad del Puente de la Integración, previsto para el 2027, así como de la mejora de las condiciones en los pasos fronterizos y la simplificación de los procedimientos administrativos para agilizar el movimiento de cargas.

“El desarrollo de nuevas conexiones, incluido el Corredor Bioceánico, y la posibilidad de contar a más largo plazo con una conexión ferroviaria también son alternativas que podrían contribuir a movilizar mayores volúmenes de producción”, dijo el ejecutivo.

Perspectivas para la campaña soja 2026/2027

En cuanto a la campaña de soja 2026/2027, el sector sigue de cerca el comportamiento del clima ante la entrada del fenómeno de El Niño y según Pastore, las precipitaciones registradas durante octubre representan un factor que requiere atención, particularmente en los principales departamentos productores de la Región Oriental.

Al respecto explicó que, si bien el agua es fundamental para el desarrollo de los cultivos, las lluvias excesivas y la persistencia de días nublados pueden afectar el crecimiento de las plantas y dificultar las labores agrícolas, mientras que la humedad del suelo también condiciona el ingreso de las maquinarias a las parcelas para realizar los trabajos necesarios durante esta etapa de la campaña.

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