
Durante los primeros años de vida, el cerebro prioriza el desarrollo de memorias semánticas y perceptivas, que son fundamentales para adquirir conocimientos básicos y procesar información sensorial. Sin embargo, la memoria episódica, que permite recordar eventos personales en un contexto específico, como una fecha o un lugar, no alcanza su madurez hasta varios años después. De hecho, el hipocampo, región cerebral crucial para este tipo de memoria, continúa desarrollándose hasta aproximadamente los siete años.
Pero el almacenamiento de información no depende solo de esta región, sino de un sistema complejo compuesto por cinco redes interconectadas de neuronas, que trabajan en conjunto para procesar y consolidar diferentes tipos de memoria, según la Fundación para la Investigación sobre el Cerebro (FRC, por sus siglas en francés). Este enfoque multidimensional del almacenamiento de recuerdos subraya la complejidad del desarrollo cognitivo en los primeros años de vida.
En un principio, se pensaba que los cerebros de los niños eran incapaces de formar recuerdos duraderos, pero investigaciones realizadas en la década de 1980 desafiaron esta idea y demostraron que los niños pueden almacenar recuerdos desde los dos años de edad y, en algunos casos, recordar eventos con detalles específicos meses después de que ocurrieron.
Estas capacidades varían en cada persona de forma considerable y dependen en gran parte de las interacciones entre padres e hijos. Las conversaciones, los juegos y las experiencias compartidas pueden influir en la capacidad de un niño para recordar eventos específicos, incluso en una etapa temprana de su vida.
Son también limitadas a esa edad. Los niños menores de 2 años pueden llegar a reconocer rostros y lugares, lo que implica que poseen algún tipo de memoria, pero carecen de memoria episódica, es decir, no pueden recordar escenas o momentos concretos. En este periodo de amnesia infantil, los recuerdos que parecen formarse son en realidad reconstrucciones basadas en relatos de terceros o en fotografías, más que en experiencias vividas directamente. Esto explica por qué muchas personas no tienen recuerdos claros de sus primeros años de vida.
En realidad, la mayoría de seres humanos no comienza a recordar eventos de su vida hasta los 3 años y 4 meses, si bien en algunos casos estos no llegan hasta los 4 o 5 años de edad.