
De acuerdo con distintas investigaciones neurocientíficas de la Universidad de Wisconsi, hay una serie prácticas físicas y mentales que contribuyen a tener una mejor calidad de vida. Estas están vinculadas tanto con el entorno como con la intimidad. Son las siguientes:
- Cultivar la gratitud: dedicar unos minutos al día a reflexionar sobre las cosas por las que se está agradecido puede cambiar la perspectiva sobre distintos asuntos y aumentar la felicidad.
- Meditar de forma regular: la meditación no solo reduce el estrés; también mejora la concentración y la salud emocional. Esto impacta tanto en la vida personal como en la profesional.
- Mantener una dieta equilibrada: una alimentación saludable influye de manera directa en el estado de ánimo, en el funcionamiento del cerebro y del cuerpo en general.
- Hacer ejercicio físico: la actividad física libera endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad. Estas mejoran el estado de ánimo. Además, el entrenamiento en actividades de bajo impacto también influye sobre la autoestima de la persona y su capacidad de superación.
- Dormir lo suficiente: un buen descanso es esencial para el bienestar mental y emocional. Esto no solo involucra a una cantidad de horas específicas, que suele estar entre las 6 y las 8, sino también en la calidad del sueño y cuán fluido sea.
- Conectar con los demás: las relaciones sociales son fundamentales para una vida feliz. Dedicar tiempo a los amigos y familiares fortalece el bienestar emocional. Genera una sensación de contención y respaldo. Esto se traduce en mejores vínculos y mayor seguridad.
Desde la perspectiva de la neurociencia, estos hábitos mejoran el bienestar emocional y tienen un impacto positivo en la estructura y función del cerebro. Por ejemplo:
- La gratitud: activa zonas cerebrales vinculadas con la recompensa.
- La meditación: puede aumentar la materia gris en regiones del cerebro asociadas con la regulación emocional.
Incorporar estos hábitos en la rutina diaria puede ser el primer paso hacia una vida más feliz y equilibrada. La clave está en la constancia y en encontrar lo que mejor se adapte a las necesidades personales.