Según la Asociación Estadounidense de Psicología, existen una serie de factores estresantes que se acumulan y afectan nuestro ánimo a fin de año. Desde los gastos extras por las fiestas, comprar regalos para todos, tener muchos eventos y despedidas hasta extrañar a seres queridos, padecer conflictos familiares y/o problemas relacionados con la comida o el alcohol. Mucha gente también experimenta soledad o melancolía y otras no tienen ganas de celebrar debido a sentimientos de dolor y pérdida

“El estrés es una respuesta adaptativa a la incertidumbre, a la amenaza del cambio y al aumento de demanda que se da en este momento del año. Nuestro sistema de alarma genera un aumento de la capacidad de respuesta. Por eso nos sentimos más alertas, más nerviosos, lo que repercute en nuestra calidad de sueño, en nuestro apetito y en otros síntomas”.

“Las dificultades económicas, exacerban las expectativas y la incertidumbre. Toda decisión o cambio genera una respuesta adaptativa de estrés”. En coincidencia, el doctor en Psicología Flavio Calvo (MN 66869), docente, tallerista y autor afirmó que con el fin de año el estrés aumenta, a veces por las imposiciones laborales y a veces por la propia autoexigencia.

“Existe esta ilusión de ‘hay que hacerlo antes de fin de año’ y es así que surgen una serie de demandas: ‘Este trabajo tiene que estar terminado antes de fin de año’ ‘Tenemos que vernos antes de que termine el año’… Todo esto nos carga de exigencias innecesarias que solo producen ansiedad y estrés. Entonces es preciso establecer prioridades sobre qué realmente es necesario hacer y qué no”, dijo Calvo

Durante la Navidad y el Año Nuevo se presentan diversas emociones. “A veces recordar en estas fechas a una persona que ya no está, puede generar sentimientos de tristeza, culpa, hasta rabia no dependiendo esto de si las personas están pasando por un duelo. Asimismo, estas fechas también pueden hacen recordar cuán solos podemos sentirnos”.

Ese es otro sentimiento que puede surgir en algunas personas: la soledad. El hecho de que las familias sean cada vez más pequeñas y la vida cotidiana consuma gran parte del tiempo en el trabajo y las responsabilidades, limita los momentos que se pueden pasar con otras personas. Entonces aparece esa sensación de vacío que muchas veces impide disfrutar de las celebraciones en plenitud.

La doctora Calabrese explicó que este sentimiento recrudece en las fiestas, “porque en el imaginario está que las festividades hay que pasarlas en familia, y a veces no hay familia, o están lejos, o son personas con las que mejor no encontrarse, o con quien no se desea reunir. Entonces, también hay que ser creativos y ubicarnos en la realidad que nos toca. Bueno, algunos pasarán las fiestas en familia, otros con amigos, otros con su mascota, otros podrán hacer algo por los demás, por ejemplo, participar en grupos de asistencia que llevan alimentos a gente en situación de calle. Es un buen paliativo para la soledad. Porque si estamos solos podemos ayudar a otros y eso hace bien. La solidaridad es un sentimiento placentero que puede contrarrestar esa sensación de invalidez, de estar solos en el mundo, porque existen otros a quienes podemos ayudar”.

Más bondad, más bienestar

Varios estudios han comprobado que las personas altruistas, solidarias, que ayudan a los demás, experimentan una mayor felicidad. También descubrieron que participar en actos de bondad promovía la conexión social, que es un predictor del bienestar y la recuperación de la ansiedad y la depresión.

La encuesta Healthy Minds más reciente de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, realizada por Morning Consult entre 2210 adultos desde el 16 al 19 de octubre de 2023, encontró que el 89 % de los encuestados dijo que hacer un acto de bondad a otra persona los hacía sentir significativamente mejor, y el 90% dijo que recibir un acto de bondad también les daba bienestar.

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